Por @ivanvillanua
Hay momentos en la vida en los que, por mucho que te duela, debes tomar una decisión. Y ella conlleva que lances una moneda al aire: lo que optes puede salir bien o convertir tu vida en un auténtico desastre. Como cuando conoces a tu primera novia y tienes claro que, salvo en contadas ocasiones, no será la primera. Siempre le tendremos cariño pero llegó un momento en el que cada uno debía andar por su lado aunque en el futuro siguieran quedando como buenos amigos para tomar café.
La situación del Tenerife no es saludable para nadie. Ni para los aficionados (el clamor crece cada siete días), ni para Miguel Concepción (gestiona una sociedad que se vale, también, de que los amantes de su equipo participen activamente), ni para los jugadores (que pocas ganas tienen de que lleguen los domingos en casa para evitar tanta crispación), ni para los periodistas (porque se olvidan que si el equipo desciende, ellos también. Y sus sueldos. Al margen de que más de uno se quedará en la calle por desgracia), ni para el técnico (que no tiene necesidad de ser vejado de esa manera).
El Presidente debe tomar una decisión. Y lo hará sin contar con nadie, como le gusta a él. Lo que me da a entender que Alfonso Serrano también abandonará el despacho más pronto que tarde. Si me pusiera en la piel del directivo, estaría pensando en traer un entrenador con visión de secretario técnico hasta final de temporada. Un dos en uno. Así me ahorro un sueldo y como tampoco tengo por qué incorporar a nadie más me guardo esa nómina.
Concepción y Cervera, como nuestra primera novia, han llegado a un punto límite. Quien suscribe nunca dejará de ofrecer buenas palabras a un técnico profesional, buena gente y buen entrenador. Pero por su salud (necesita un tiempo de liberación), creo que es el momento de dar un paso al costado. Y que venga uno nuevo a ver si así este ambiente hostil se tranquiliza. Porque ir al Heliodoro se está convirtiendo en lo más parecido a entrar a una clase de Física y Química: un rechazo.