Por @RondosCutillas
La semana pasada expuse en esta columna una fórmula matemática que volvió a cumplirse el sábado en Sevilla. La recuerdo otra vez: A) Si el Tenerife mantiene su puerta a cero e Ifrán marca, gana; B) Si Ifrán anota, pero el equipo no consigue dejar su puerta a cero, empata o pierde; C) Si Ifrán no marca y el contrario tampoco, se empata también; D) Y si el uruguayo no está acertado y el rival sí, pues pierde.
Odio tener razón cuando el resultado es negativo, pero en el Villamarín tocó la opción B. El Tenerife, con sus virtudes y defectos, se permitió tutear al gigante de la categoría durante un buen rato. Hizo incluso lo más difícil e inesperado, tras empatar cuando el árbitro se había encargado de desnivelar en el descuento del primer tiempo con un penalti tan injusto como tonto (por evitable si Roberto no sale tan alocadamente). Con 1-1, tras la genialidad de Ifrán marcando de tacón, daba la sensación de que los blanquiazules podían traer un botín mayor. Pero, finalmente, se quedaron sin ningún premio después de que una jugada ofensiva de los de Cervera terminase en recuperación bética y Rubén Castro culminase un contragolpe vertiginoso con mucha clase y precisión quirúrgica.
Hasta entonces el Tenerife apenas había concedido ninguna situación clara al Betis, especialmente en el primer acto. Pero al árbitro debió parecerle corto lo realizado con el penalti y decidió ampliar su ‘gesta’ mostrando la segunda amarilla a Carlos Ruiz. Falta clara y tarjeta justa, pero si hubiese sido al revés dudo que se hubiese atrevido a expulsar a un jugador del Betis. Dámaso Arcediano Monescillo, que así se llama aunque sea más casero que ‘Petra, criada para todo’, ya ha perjudicado a los isleños otras veces. La temporada pasada, en la jornada inaugural, señaló otro penalti inexistente que daba los tres puntos al Alcorcón (en el descuento del final del partido aquella vez) y expulsó a Raúl Llorente por doble amarilla. El sábado, ante el Betis, ya vieron lo que hizo, así que cuanto más tiempo tarde en volver a dirigir al Tenerife otra vez, mejor.
La otra mala noticia en Heliópolis fue la lesión de Carlos Abad, el único guardameta que ha defendido este curso con dignidad la portería del Tenerife. La interrogante que deja su ausencia es mayúscula, por lo que supongo que el club agilizará en las próximas horas la llegada de Dani Hernández (Valladolid). Sobre todo si han visto algún partido del Numancia, el próximo rival en la isla, con un Julio Álvarez que saca petróleo de las jugadas a balón parado y un Sergio Enrich que es una auténtica mina para sus compañeros sorianos a la hora de propiciar segundas jugadas con sus prolongaciones de cabeza.
Desgraciadamente, Roberto ya ha acreditado con sus actuaciones que no es el del año pasado ni de lejos, con la única excepción positiva del derbi ante la UD. Ante el Betis estuvo mal y transmitió en cada una de sus acciones la misma inseguridad que en los partidos en los que sustituyó a Jacobo antes de que Carlos Abad ‘heredase’ el puesto de ambos. Un síntoma malo ante la que se avecina con un adversario complicado y en un estadio tan propenso últimamente al ‘runrún’ con los suyos como el Heliodoro.
Mientras tanto, enero sigue desgranándose y los refuerzos no llegan. Es básico que esta plantilla tenga el salto de calidad que necesita para ser más competitiva e insisto en que, como mínimo, deberían incorporar a un guardameta, un banda izquierda (de los de verdad) y un mediapunta versátil o un segundo delantero (con gol, por dios) que pueda darle más balones en condiciones a Ifrán. De lo contrario, habrá que aplicar la fórmula del primer párrafo y no tengo ganas de que se vuelva a cumplir por el lado negativo. Lo dicho, compra o sufre.