Redacción Deporpress | Para la temporada 13/14, la consigna estaba clara. Objetivo: permanencia. Clasificación final: Undécimo. Visto con esta simpleza, el CD Tenerife cumplió con creces lo que se planteaba desde principio de temporada y lo que se le pidió a Álvaro Cervera. Sin embargo, no debe haber casi ningún blanquiazul, al menos ninguno que presuma de serlo, que haya terminado la pasada campaña con un regusto amargo por haber perdido la oportunidad, factible a siete jornadas del final, de meterse en el playoff.
Y eso que el año no comenzó relativamente bien. El conjunto de Cervera consiguió imponerse en casa del Murcia, uno de los aspirantes a ascender de categoría, pero cedió un punto ante el Sporting y cayó con estrépito ante el Alcorcón (0-4), en un choque que volvía a situar al conjunto blanquiazul de nuevo en posiciones de descenso. Sin embargo, en las siguientes 20 jornadas, el Tenerife solo perdió posiciones tres veces antes del descalabro final, por lo que su trayectoria fue principalmente ascendente.
Victorias de gran mérito como la lograda en Éibar (1-2), uno de los equipos que ascendió de categoría, en Alicante ante el Hércules o en Lugo; o empates que sabían a triunfos como el logrado en Riazor ante el Deportivo de la Coruña o en Valdebebas ante el Castilla. Sin embargo, llegaría el calvario. El Tenerife venció 3-2 al Numancia y se situaba cuarto en la tabla. Se soñaba con el playoff y en el Heliodoro se veía posible teniendo en cuenta la trayectoria del conjunto insular. Quique Rivero sería el último jugador en marcar un gol en la jornada 35 de la campaña 13/14. Seis derrotas por la mínima, todas por 1-0 y 0-1 de manera consecutiva, incluido el derbi en Gran Canaria, antes del colofón negativo puesto en Gijón tras perder con el Sporting por 3-0. Era el triste final de una temporada donde todos soñamos con estar entre los mejores. Tocaba reformular el equipo para Segunda División.
UN COMIENZO DIFÍCIL
Al conjunto insular le costó menos ganar un partido (cuatro jornadas) que la temporada anterior (siete fechas del calendario), pero igualó el número de fechas que necesitó para afianzarse en la competición, desde la jornada diez. Ni siquiera, la victoria en el derbi sirvió de revulsivo, por lo que tuvo que llegar una variante en el sistema, parecida a la del año pasado, en la que confía Cervera, para lograr las victorias. Estuvo a punto de lograrlo en Pamplona ante Osasuna (3-2), pero lo consiguió siete días después ante el Barcelona B y con un triunfo en Zaragoza que llenó de esperanzas a la parroquia local. Desde entonces, solo dos derrotas en nueve partidos, habiendo sumado 15 de esos 27 puntos. El camino por recorrer es largo todavía, pero siete de los nueve últimos puntos sumados parecen la vía idónea para un Tenerife que necesita confianza para solventar la categoría. Un camino muy largo.