Por @beatrizpalmero
A finales de los 70 se hizo popular aquella canción de Coz que decía que ‘las chicas son guerreras’. Y lo cierto es que, desde entonces hasta ahora, han tenido que guerrear mucho para ir recortando la ventaja que el hombre le había sacado durante siglos. Y, como bien decía la canción, si se han ido tan rápido en sólo cuatro décadas comparado con los derechos adquiridos durante cientos de años por el género masculino es, porque como decía la canción, ‘las chicas tienen algo especial’.
Claro que ustedes me dirán que yo, siendo mujer, no puedo decir otra cosa. Pero los hechos están ahí. Vemos los últimos años en el deporte, y los éxitos, las alegrías inesperadas o no tan inesperadas, llegan de la mano de las mujeres, cada vez más. El último, esa medalla de plata en el Europeo de Balonmano de las chicas, que, precisamente, se autodenominan las guerreras. Y podemos citar miles de ejemplos: Carolina Marín, campeona del mundo de bádminton; las chicas de Waterpolo, oro en el europeo; la medalla de bronce en el mundial de Fútbol Sala, la primera clasificación para el Mundial de Fútbol de la selección femenina; Ruth Beitia, campeona de Europa de salto de altura a sus 35 años; el oro europeo de las chicas de rítmica; la plata mundial de la selección de baloncesto y podría citar muchas otras (vela, halterofilia, sincronizada). Y no me olvido de Mireia Belmonte, batiendo registros un año más en el Mundial de Piscina corta,
Precisamente, la catalana decía no hace mucho en una entrevista, que era “la primera mujer en bajar de los ocho minutos en la historia de la natación, pero es más importante el rumor de un fichaje o el color de pelo de Sergio Ramos”. Y sabemos que es cierto. Porque cuatro décadas es muy poco tiempo para cambiar costumbres centenarias.
Soy de las que piensan que, físicamente, el hombre y la mujer no pueden igualarse, porque los cuerpos son distintos. Pero sí puede igualarse el valor de su esfuerzo y los derechos de unos y otros como deportistas y como seres humanos. Hay muchas mujeres que día a día intentan hacer visible las horas de dedicación que hay detrás de sus vidas y de su amor al deporte. Y desde los medios tenemos la responsabilidad de dar más voz y más espacio a ese esfuerzo. En las islas tenemos muchos ejemplos: Carla Suárez, las hermanas Ruano, los equipos de voleibol, baloncesto, fútbol, rugby…, las chicas de Squash, campeonas de España; Michelle Alonso, cientos de deportistas que abren camino para que las que vienen detrás lo tengan más fácil.
Por eso aplaudo la iniciativa que este fin de semana pone en marcha el Ayuntamiento de La Laguna y la Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama, Amate, para hacer visible el deporte femenino y todos los valores que, con el deporte, la mujer pone de relieve: el sacrificio, la conciliación familiar, la solidaridad, la vida saludable. Y hay que poner un granito de arena para que el deporte femenino crezca, por insignificante que nos parezca. Porque granito a granito se construye una montaña, se construye el futuro. Y ya va siendo hora de que el deporte femenino se valore igual aunque el esfuerzo, posiblemente sea mayor, porque también hay que luchar contra los clichés.