Por @beatrizpalmero
Ya hay detenidos por la muerte de un ultra del Depor en una multitudinaria reyerta con los hinchas del Atlético de Madrid. Creo que el fútbol no debería ser excusa para pelearse y, mucho menos, para matar a otro. El deporte es otra cosa. Pero en este país, hasta que no suceden cosas como ésta no nos preocupamos de la violencia que hay a nuestro alrededor. Porque la violencia no es sólo la física, va mucho más allá.
Porque muchos nos escandalizamos de que un entrenador de un equipo de alevines agreda a un árbitro de 15 años pero nos parece normal escuchar a los padres de al lado gritarle a un niño que ha llegado tarde al balón y le ha propinado una patada a destiempo al nuestro. E incluso desacreditar a su entrenador porque no le pone de titular en lugar de decirle que todo cuesta un esfuerzo. Y eso también es violencia.
Es violencia cualquier actor de intolerancia o menosprecio hacia el que tenemos al lado, ya sea de otro equipo, de otra isla, de otra Comunidad o de otra raza. Porque se empieza por ver normal gritar a un crío en un partido, por menospreciar al que piensa diferente, por insultar en lugar de razonar o respetar al otro y se acaba por linchar a uno de los nuestros.
Y en este momento en el que se vive el ‘y tú más’ y el ‘o estás conmigo o estás contra mí’ el deporte debe ser, más que nunca, un instrumento para tender puentes, no para destruirlos. Por eso creo que la política no debe mezclarse con el deporte, porque el deporte no tiene ideas y no siempre gana el más fuerte. Y así, aplaudo iniciativas como la del Rayo Vallecano, que anunciaba esta semana que ha recaudado más de 20 mil euros en su fila cero para ayudar a Carmen, octogenaria desahuciada recientemente de su casa de toda la vida en Vallecas. Por eso, me parece que todo apoyo a iniciativas como la de Vitolo es poco si se trata de hacer feliz a un niño. Y por eso me encantaría que fuésemos capaces de aplaudir a un rival si nos deja con la boca abierta o de reprender al que tenemos al lado si tira un objeto al campo o hace gestos racistas o nazis.
El deporte nos demuestra a diario que el esfuerzo y la capacidad de superación pueden hacernos mejores, y que aquel que menospreciamos por débil puede pintarnos la cara. Seamos deportivos entonces, y empecemos a aceptar que nuestra forma de pensar no es la única ni la mejor. Sólo una más.
Aunque me temo que es sólo un deseo más lanzado al viento. En un rato me daré de bruces con la realidad.