Por @ivanvillanua
Hoy he disputado la segunda carrera del año después de siete sin volver a medir mis fuerzas con otros corredores. A la espera de la última de 2014, que será la San Silvestre Lagunera (espero verlos por allí), y al margen de mis tiempos que mejoran con el paso de los entrenamientos, si hay algo que echaba de menos y he vuelto a impregnarme de él ha sido la enorme humildad que envuelve a este deporte llamado atletismo.
Esta vez, en la Carrera Popular de El Corte Inglés, 5.000 inscritos, más de 3.000 de ellos niños y niñas de muy corta edad que hacían las delicias de los mayores al ver sus primeras zancadas sobre el recorrido trazado alrededor del Auditorio y Parque Marítimo. No hubo competidor que no recibiera un aplauso, un ¡ánimo ya queda menos! de los miles de aficionados que se dieron cita.
Recordé que, más allá de un campo de fútbol donde cada día me aburro más por escuchar insultos y comentarios negativos estúpidos, existe toda una comunidad de auténticos deportistas que se apoyan los unos a los otros. Que da igual quien gane, al final se abrazan y dan la enhorabuena. Que compiten de manera noble solo contra un rival: el tiempo de su reloj. Los que están a su lado son todos amigos: durante la semana entrenando, durante el fin de semana compitiendo y en el día a día siendo parte de sus propias familias.
El deporte es esto: atletismo. Gente apoyando, ayudando, empujando con positividad. Toño, del Ademi, analizando la carrera conmigo después de su participación o ver a Aroa volar sobre el asfalto. El deporte es amistad y compañerismo. Jonay, Roberto y Ayoze estirando tras la carrera, juntos. Y futuro. Samuel Chávez. Por eso termino esta semana con la satisfacción de saber que hay miles de pibes y pibas aprendiendo a correr, que tenemos cantera allí y que no todo es jugar detrás de una pelota. O llamando de todo a los que lo hacen.