por @juanjo_ramos
He tenido la tentación de hacer una defensa a ultranza de la profesionalidad de aquellos que no tenemos intereses y que no nos dejamos llevar por fobias personales para expresar nuestras opiniones en torno al CD Tenerife. Pero hay algo mejor que eso: tener la conciencia tranquila. Por eso, para salirme del guion, me he decidido a hacer algo inhabitual, casi contranatura en la Isla: hablar de fútbol.
No soy entrenador ni tuve un recorrido como jugador siquiera valorable. Mis conocimientos se limitan a ver mucho fútbol y escuchar/leer a los que saben. Pongo la venda antes de la herida por si, a continuación, empiezan a discrepar y sienten la tentación de esbozar ese clásico “habla sin saber”. Seguramente tendrían razón.
Las señas de identidad del Tenerife 13-14 estaban muy marcadas: equipo intenso, que no concedía ocasiones y robaba para buscar a Ayoze Pérez. El de la 14-15 ha perdido la intensidad en algunas ocasiones (Girona, Leganés, Llagostera), concede demasiado (errores individuales) y no tiene al ahora delantero del Newcastle.
El primer apartado tuvo más que ver con el amaneramiento que otra cosa en Montilivi. Fue una excepción. Pero en Butarque o Palamós se observaron carencias a la hora de asumir la iniciativa en los partidos. Ante rivales dedicados también a contrarrestar al rival (el lugar donde se sienten cómodos los blanquiazules), costó mantener el control. He ahí un problema que no ha resuelto el entrenador y que, acertadamente, esbozó hace tiempo mi amigo José Rojas.
El segundo apartado, el de los errores individuales, resulta imposible de controlar. Nadie esperaba en agosto que la portería insular fuera una auténtica ruina. Capaz de restar ocho puntos en 13 jornadas. Puede resultar perdonable que a Javi Moyano le ganen la espalda en Girona o Pamplona, que Aitor Sanz cometa un penalti innecesario en Butarque, que Carlos Ruiz haga dos faltas con un delantero de espaldas en Palamós, que Aridane falle casi a puerta vacía en Ponferrada, Maxi en Leganés o Ifrán ante el Alavés. Pero no todo junto. Y eso resulta incontrolable para cualquier técnico. Porque no solo es falta de calidad. Es también cuestión de suerte, dinámica…
El tercer apartado se ha resuelto a medias. Diego Ifrán no es Ayoze Pérez. Pero ha demostrado solvencia suficiente para encargarse de los goles en este equipo. El problema es que se lesionó en la jornada 1 y ahora estará, por sanción, otros cuatro encuentros de baja. El balance en la jornada 17 será alarmante: seis jugados y 11 de baja. Quítenle a Araujo a Las Palmas ese tiempo. Pero no nos miremos demasiado en otras orillas. Y lamentemos, eso sí, que en el mercado tampoco se hayan hecho los deberes: ¿Dónde está el resto de la aportación goleadora? Uli Dávila, Guarrotxena, Aridane y Suso, por ejemplo, han marcado un solo gol cada uno. Demasiado poco.
Así pues, el problema del Tenerife está en el campo. Es cierto. Pero a todas estas cosas se sobrepuso en un tramo de partidos (Osasuna, Barcelona B, Zaragoza y Alavés) en los que compitió decentemente. Logró entonces convencer, apartó la figura (omnipresente solo cuando las cosas van mal) de Álvaro Cervera del centro de la escena y unió a todos. Aquello no queda tan lejos. Y fueron los mismos jugadores y el mismo entrenador que tan malos son y tanto se equivocan.