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Poderoso caballero (11-11-14)

Por @beatrizpalmero

«Y pues es quien hace iguales
Al rico y al pordiosero
Poderoso Caballero
Es don Dinero»

Francisco de Quevedo

El dinero. Ese gran poder invisible pero omnipresente que mueve el mundo. Nos guste o no. También el deporte, por mucho que sus valores sean otros. El deporte nos habla de sacrificio, disciplina, trabajo en equipo, esfuerzo, ilusión. El deporte mueve nuestros sentimientos y es capaz hasta de cambiarnos el humor y quitarnos el sueño. Llega al corazón.

Pero el dinero no atiende a las razones del corazón y se lleva por delante lo que haga falta. También a los equipos. Lamentablemente lo hemos visto en infinidad de ocasiones, pero no por ello deja de doler menos cuando pasa.

Por dinero hemos visto pasar y seguir pasando muchas penurias al Club Deportivo Tenerife, cuya deuda le limita día a día en lo deportivo y en su funcionamiento, y hemos visto peligrar los logros deportivos del Canarias. Afortunadamente para ambos, participan en deportes o ligas mediáticas ha supuesto su tabla de salvación. Fútbol y baloncesto atraen muchas miradas y, por tanto, atraen al dinero. Sólo el hecho de que sus partidos sean televisados, no sólo en las Islas, sino fuera de ellas, hace rentable cualquier inversión, porque hacen visible la Isla al gran público.

Desgraciadamente, los deportes minoritarios o poco mediáticos no tienen la misma suerte. Su escasa visibilidad más allá de los interesados en ese deporte concreto es, en ocasiones, su condena.

Y así, el CN Echeyde no pudo disfrutar del ascenso conseguido en la piscina por unos pocos miles de euros, calderilla comparado con los más de dos millones de euros que necesitó y logró el Canarias para completar su conversión en SAD.

Y así, el CV Tenerife se vio abocado a la desaparición porque ser anfitrión de la Final Four de la máxima competición continental por clubes le hacía arrastrar una deuda que superaba unos cientos de miles de euros, calderilla comparada con los más de 20 millones que aún debe el Tenerife.

Es el dinero. Los deportes pequeños no mueven las grandes inversiones, por más que los equipos sean capaces de generar una corriente de cariño imparable, como le pasó al CV Tenerife, y como le pasa ahora al Uruguay Tenerife. Me decía Francis Arocas, su entrenador, que no creía que no hubiera ni una sola persona en Tenerife que fuera capaz de apostar por un equipo que ha sido capaz de salvar su imagen como grupo por encima de los presuntos desmanes cometidos por su expresidente. El problema no es que no exista, es que la LNFS y el fútbol sala están arrancando, y aún no han alcanzado esa visibilidad que necesita para que el deporte crezca. Ni la ley de mecenazgo remedia los estrictos e injustos dictados del dinero. Si no fuéramos tan estrechos de mente ni nos aferráramos sólo a los números contables, cualquier empresario o mecenas podría ver el potencial que tiene apoyar a equipos tan queridos y con tan buena prensa como éste.

Pero qué vamos a pedir en un país donde se producen más de 200 desahucios diarios, donde la letra que hay que pagar importa más que la historia personal que hay detrás. El deporte, como siempre he dicho, no es más que un reflejo de la sociedad en la que vivimos, en la que sentimos constantemente  la tristeza de ver cómo los sueños, logrados a base de sacrificio y esfuerzo, se desmoronan como castillos en el aire si con ellos no llega el dinero. Y sin Poderoso Caballero, no hay deporte que valga. Y duele.