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Página en blanco (21-10-14)

Por @beatrizpalmero

Me aterra llenar esta página en blanco, porque ahora mismo creo que el blanco es lo que mejor define mi estado de ánimo. Ese momento de indefinición en el que no sabes si eres optimista o pesimista, si crees que hay que tener paciencia o que ya es muy tarde. Así que llenarla de palabras es, como dice la escritora Elena Poniatowska, una “inmensa aventura” ante una “pantalla también espantosamente blanca y llena de trucos, trampas, escondites”, que es lo que exactamente siento sobre la situación del Club Deportivo Tenerife.

Así que demoro buscar cómo manchar este folio en blanco “de algo impreciso y sublime”, que diría Lorenzo Silva. Bueno, para escribir algo sublime se necesita, además de un talento que no tengo, mucha inspiración. No es el día. Así que sigo merodeando las teclas .

Me acuerdo del poeta André Bretón, que proponía la escritura automática para lograr un dictado del pensamiento,  sin que lo controle la razón y sin preocuparse de la estética del texto o de la moral.  Puede ser una opción. Dejo llevar mi pensamiento, y el bloqueo que me produce la situación del Tenerife me lleva por otros caminos. Cruzo de acera y me encuentro con el Pabellón de Santa Cruz. Perdón, Palacio de los deportes. Aunque dudo mucho que nunca un palacio fuera tan triste y sombrío. Y me llega la rabia. Y un dicho que decía mucho mi madre: lo barato es caro. Los continuos parches y chapuzas a largo plazo están resultando más caros que haber acometido, cuando había que hacerlo, en la época de vacas gordas y subvenciones europeas, una remodelación más profunda del único recinto importante de Santa Cruz. Claro que es más importante formar parte de la lista de grandes ciudades que serlo.

Y así, se quedan sin amparo el McDonald’s Santa Cruz, el Cuesta Piedra y los más de 1700 abonados del Uruguay que no cabrán en el pabellón Las Torres de Adeje. Y dentro de dos semanas llega el Inter. Y tampoco se podrá usar el Santiago Martín, pabellón insular, pagado con el dinero de todos, porque la ACB prohíbe que haya otras líneas que no sean las de su competición o deporte. Una exclusividad que exige, pero que no paga. Peor aún, porque cobra por esa exclusividad, a cánones y otras historias varias me remito. Que también se han pagado con dinero público, por cierto.

Uf. Ha llegado el totum revolutum. Lo sabía. Era mejor la página en blanco. A fin de cuentas el blanco da un sosiego necesario tras una riada como la del domingo. Que las palabras a veces salen a borbotones, sin control, como el agua bajando por los barrancos. Como el inicio del Tenerife que tal vez se lleve, con su fuerza, a Álvaro Cervera por delante. Y no, sobre eso sigo prefiriendo la página en blanco, en la que aún queda mucho por escribir.