Redacción Deporpress | En muchos de los equipos de nuestra Liga es la eterna pregunta. De hecho, hemos querido hacernos la pregunta tras conocer este lunes las destituciones de Jose Luis Mendilibar y del Chapi Ferrer, hasta ahora entrenadores de Levante y Córdoba respectivamente. Y es que, ahora mismo levantinos y andaluces cierran la tabla con cinco y cuatro puntos respectivamente, pero la barrera de la salvación la marca el Athletic, también con cinco tantos. Por tanto, uno se pregunta si quizás la salida del entrenador no era algo prematura para lograr el objetivo que, al menos en el caso de los cordobeses no es otro que mantener la categoría.
Seguramente, y tras los últimos malos resultados, esa es la pregunta que se hacen muchos aficionados tinerfeñistas. Para ello, vamos a recordar los antecedentes en el banquillo insular. El CD Tenerife ha tenido 23 entrenadores en los últimos 15 años. En la campaña 99/00 se hizo el primer intento serio de ascender a la Primera División. Sandreani comenzó la temporada, pero solo estuvo siete partidos, siendo cesado con el equipo siendo decimosexto. Castro Santos le sustituiría, llegando a poner líder al equipo, pero una caída en los resultados obligó a otro cambio, llegando Ángel Cappa al banquillo. El equipo terminó decimocuarto.
Ya en la 02/03 el objetivo era retornar lo antes posible a Primera División tras el descenso de la máxima categoría. Edwald Lienen estuvo 20 partidos en el banquillo insular, entre la primera jornada y la 19, siendo destituido cuando ocupaba el Tenerife era decimoquinto de la tabla. David Amaral asumió el relevo y mantuvo al equipo en la categoría, pero no pudo lograr el objetivo. La última campaña que se hizo una intentona a la desesperada de un retorno de categoría fue en la temporada 10/11. Hasta cinco entrenadores sumó el cuadro insular esa temporada. Gonzalo Arconada arrancó la temporada, durante solamente cuatro jornadas en las que acumuló cinco derrotas, si sumamos la de la Copa del Rey. Un equipo en absoluta descomposición que ni Juan Carlos Mandiá, ni Antonio Tapia ni David Amaral, este último casi sin tiempo de reaccionar, fueron capaces de salvar, condenándolo al infierno de la Segunda División B. Y para terminar, un dato: el Éibar a estas mismas alturas de la temporada pasada marcaba la barrera con el descenso con diez puntos. Siguió Gaizka Garitano en el banquillo y el cuadro armero consiguió ascender de manera directa a Primera División.