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De críticas lógicas y campañas (16-10-14)

por @juanjo_ramos

Resulta indiscutible que el Tenerife de estas ocho jornadas no ha funcionado. Solo hay que mirar la clasificación. Tampoco acompañan las sensaciones, algo que es aún más preocupante. Porque el juego ni entretiene ni convence. Más bien resulta insuficiente para competir y acercarse a los buenos resultados. No hablemos ya de la diversión.

De todo ello, el responsable principal es Álvaro Cervera. Y si hubiera llegado al banquillo este verano, entendería que su destitución estuviera a la vuelta de la esquina. Con el objetivo del play off en el horizonte, aunque prudentemente disfrazado con el “primero la permanencia” y 11 fichajes, no es de recibo estar entre los cuatro últimos y ofreciendo la imagen de estos dos meses de competición. Si hubiera llegado a siete jornadas para el final del curso pasado, la cosa pasaría a ser casi de juzgado de guardia.

Pero no. Resulta que el vilipendiado técnico del Tenerife ha dirigido 95 partidos (solo por detrás de José Luis Oltra) y ha cumplido los objetivos marcados. Con él han debutado una casi una decena de canteranos, se han ganado dos de los tres derbis disputados y ha explotado el jugador tinerfeño más prometedor de las últimas décadas: Ayoze Pérez. En su hoja de servicios quedarán estos éxitos y un fracaso: no supo vender sus aciertos.

Cervera no es de sonrisas fingidas. No vira la cara a los problemas ni disimula ante las faltas de respeto. Cierto es que tanto su entorno como él han dado demasiada importancia a las críticas. Y hasta se han excedido a la hora de sentenciar a algún crítico que no tenía mala intención. Pero también ha cazado perfectamente a los interesados. A esos que dirigen sus tanques contra el entrenador para acercarse al club. Por eso, descubiertos como han estado estos meses, ahora vomitan con furia todas las críticas posibles para que el árbol que está a punto de caer bese el suelo cuanto antes.

Tienen miedo a una reacción deportiva, ahora improbable, que sepulte las críticas y cambie la marea de dirección. De momento, pueden estar tranquilos. No parece que el equipo vaya a cambiar radicalmente el sábado. Puede que Cervera no vuelva a sentarse más en el banquillo del Heliodoro. Pero la cruzada no acabará ahí. Si pasa al despacho de la dirección deportiva, seguirán las críticas. Y si no, pasarán al siguiente objetivo, Alfonso Serrano, como paso previo para tumbar a Miguel Concepción. Escrito está que, a mi juicio, el Tenerife merece un presidente mejor. Pero reitero lo de mejor. Porque si la alternativa son sus críticos o los amigos de sus críticos, el mandatario palmero acabará diciendo: “Otro vendrá que bueno me hará”.

El caso es que la campaña en contra de Cervera ha desembocado en una crítica desmesurada. Pregúntense qué entrenador anterior ha recibido semejante nivel de crítica. ¡Ni Gonzalo Arconada! Que solo dirigió derrotas en la Isla. Una cosa es no cerrar los ojos ante la realidad del equipo (revisen las primeras líneas) y otra muy distinta pensar que con la salida del actual técnico acabaremos escuchando el himno de la Champions. La experiencia reciente (el año del descenso a Segunda B) invita a pensar que sería el camino erróneo.