Skip to main content Scroll Top

Culpable y Responsable (13-10-14)

Por @rondoscutillas

Hace apenas dos meses, en ese periodo llamado pretemporada en el que la esperanza y la duda conviven todavía en la misma habitación, los que seguimos al Tenerife mirábamos al futuro con cierta expectación. Los dirigentes tiraron este verano de ambición, cambiaron al inquilino de la dirección deportiva y afrontaron la complicada tarea de intentar mejorar a un grupo que había solventado con nota los objetivos de las dos temporadas anteriores. Sí, con nota. Y alta además. Un ascenso imborrable en Hospitalet (sigo manteniendo que el más importante en la historia de este club) y una más que digna campaña de estreno en Segunda después de un prólogo de campeonato desalentador en el que la situación, números en la mano, era incluso dos puntos peor que la actual.

Sin embargo, Álvaro Cervera, el responsable de que el Tenerife encontrase la salida a la travesía por el Sahara de la Segunda B y de que este equipo jugase el año pasado con más canarios de los que recuerdo desde que tengo uso de razón blanquiazul, aparece ocho jornadas después del inicio del curso como el principal culpable de todos los males del Tenerife. La corriente del ‘que le corten la cabeza’ como antídoto y remedio universal a todos los males que aquejan al equipo avanza imparable semana a semana avalada por los últimos resultados. Las señales de disconformidad son tan evidentes que ya aparecen incluso desde el momento en el que Ivo López anuncia su nombre a través de la megafonía del Heliodoro antes de que el balón comience a rodar. Triste, pero real.

Partimos de la base de que el fútbol, como dijo Valdano, no tiene memoria. Y también desde la máxima de que la vida sólo puede ser comprendida hacia atrás, pero únicamente puede ser vivida hacia adelante. Pero, realmente, ¿tiene Cervera la culpa de que sus porteros hayan cometido errores evitables que han costado muchos goles y demasiados puntos? ¿Se confió el míster y no cerró el remate de un delantero que remató a placer el primer gol del Girona? ¿Cometió un penalti absurdo que sirvió para que el Leganés se adelantase en el último partido jugado lejos de la isla? ¿Mandó fuera un servicio de Uli Dávila que era un gol cantado y que hubiese supuesto el empate? ¿Perdió el balón que supuso el 0-2 del Recreativo cuando mejor estaba el Tenerife? Las respuestas son sencillas y rotundas. No en todos los casos.

¿Es responsable Cervera de que el Tenerife sea un equipo absolutamente previsible? ¿De que la única solución ofensiva sea darle el balón a Suso y esperar a que desequilibre por la derecha? ¿De que esos centros, cuando se producen, tengan un único rematador y casi siempre ningún destinatario? ¿De que el equipo juegue sin alegría? ¿De que sea más importante intentar no encajar que ir a por el partido? ¿De jugar al ‘cerocerismo’ una y otra vez fuera de casa? ¿De desactivar a Las Palmas y dejarla sin suministros ofensivos en el derbi? En todos estos casos, la respuesta también es clara. Sí.

Con este panorama, la plantilla del Tenerife puede quedarse con el actual sentimiento de culpa y esperar a que el tiempo pase y vean cómo más pronto que tarde habrá otro inquilino sentado en el banquillo que ocupa ahora Cervera. O puede aceptar que todo el colectivo es capaz de enmendar un error individual y que el entrenador, si es capaz de responsabilizarse de lo ocurrido y opta por variar el rumbo tomando decisiones, cambiará la dinámica actual y corregirá todo lo que ahora no funciona.

Ha llegado el momento de hacer autocrítica. Y, como sucedió el año pasado después de que el Mallorca de Oltra se llevase los tres puntos del Heliodoro, hay que cambiar los ingredientes y la puesta en escena con la que este Tenerife afronta los partidos fuera de la isla. Así se ganó en Ponferrada cuando este equipo estaba ‘agotado’ y esa es la única vía que se me ocurre para intentar hacerlo en Pamplona. Este grupo no puede permitirse salir a El Sadar a ver si los dioses del fútbol se alinean con ellos y se llega al minuto 70 con 0-0. No. Cervera debe agitar el vestuario, darle un giro al planteamiento actual y ser el responsable de una reacción. Si sigue empecinado en el modelo actual, morirá con sus ideas, pero terminará siendo el principal culpable de su propia destitución.