Por @fllombet
Hoy comienza la liga ACB y, por tercer año consecutivo, Tenerife tendrá representación en ella. Una edición, la 2014 – 2015, que se las prometía felices, en su lucha por ganar adeptos, con las expectativas que se tenían en verano por la participación de la selección española en el mundial celebrado en nuestro país.
No fue así y el fracaso del combinado nacional dilapidó la posibilidad de una venta del producto tal y como la ACB hubiese deseado. Las audiencias televisivas, en las últimas temporadas, tampoco se corresponden con lo esperado y no son pocos los que avisan de un necesario cambio de modelo para que un deporte, catalogado como el segundo de mayor importancia en nuestro país, continúe generando un interés acorde con las inversiones que hacen los Clubs.
Solo los enfrentamientos entre Madrid y Barcelona parecen cobrar relevancia. El desequilibrio entre los dos grandes y el resto de los equipos, y que tanto se había criticado en el fútbol, parece haberse instaurado también en el baloncesto. Se buscan alternativas que posibiliten una mayor competitividad. Para esta nueva edición, ese desequilibrio, se antoja aún mayor. Sería una auténtica sorpresa que algún equipo se cuele entre los dos grandes en el reparto de los títulos que habrá en juego esta temporada. Valencia, Baskonia o Unicaja, son esas plantillas que pretenden usurpar la hegemonía de madrileños y catalanes. Entre ellos tres debe haber una segunda liga.
Por detrás, el grupo parece más numeroso y mucho tendrán que ver las prestaciones de jugadores debutantes en liga, políticas de fichajes, lesiones, aciertos en los cambios de jugadores o ambientes de vestuario, para dar un salto de calidad que les acerque a ese segundo grupo de equipos. Aquí estarán, seguro, Zaragoza y Gran Canaria y, con ellos algunos candidatos como Murcia, Iberostar Tenerife, Joventut, Estudiantes, Sevilla, Obradoiro o Bilbao. Mayor sorpresa, pero nada descartable, sería ubicar en este amplio pelotón de aspirantes a equipo revelación a plantillas como las de Andorra, Manresa, Guipúzcoa o Fuenlabrada.
Y desde ese análisis, casi compartido por muchos, es donde nos tenemos que sentir muy orgullosos en la isla al comprobar el salto de calidad que ha dado el Iberostar Tenerife y que se reconoce en las apuestas. Los de Alejandro Martínez han mejorado mucho la plantilla y disponen de un mayor fondo de armario que les posibilitará ser más competitivos y, por ende, aspirar a ser más regulares a lo largo de las treinta y cuatro jornadas de competición.
Sin embargo, esta teoría no garantiza que, en la práctica, se cumpla lo que está pronosticado. Por delante una misión difícil, e ilusionante a la vez, como es la de consolidar expectativas en una entidad que quiere seguir creciendo deportiva y socialmente y que merece sin fisuras, y aceptando todas las críticas constructivas, un mayor reconocimiento social en forma de adeptos a la causa.
Tenerife debe estar siempre en la élite del baloncesto nacional, la necesidad y el merecimiento es responsabilidad de todos los que presumimos, en la isla, de disfrutar con un buen baloncesto.