Por @beatrizpalmero
No conozco a ningún aficionado que no quiera ver a su equipo plagado de jugadores de la tierra. Me encantaría mirar la alineación y ver a diez de los once jugadores nacidos en la isla, tal y como sucede ahora mismo con Las Palmas. Da cierta envidia, por supuesto. Sin embargo, que no los haya no significa que no me guste el equipo. De hecho, si miro atrás, veo muchas versiones del Tenerife de las que me siento orgullosa donde la presencia de tinerfeños no era precisamente abundante. La última de ellas, aquel Tenerife que dirigió Oltra la temporada del ascenso. Los únicos canarios habituales en el once fueron Ricardo, Ayoze García y Pablo Sicilia. Y Pablo no era canterano del Tenerife. Y todos recordamos aquel derbi que se ganó en el Heliodoro por 2-0 como un partido perfecto. Y no hacía falta que hubiera diez tinerfeños para saber lo que era un derbi. Entonces ni se nos pasó por la cabeza.
Si nos vamos al Tenerife que logró la clasificación para la UEFA encontramos sólo como fijo a Toño Hernández, y las apariciones esporádicas de Pier, de Toni o de Alexis Trujillo. En el Tenerife de Heynckes encontramos a Alexis Suárez o a Toni Robayna, canteranos de Las Palmas.
Con esto quiero decir que el orgullo por nuestro equipo en las últimas décadas no ha estado ligado, ni mucho menos, con la presencia de tinerfeños en sus filas. Esa alegría la hemos descubierto, al menos los de mi generación y sucesivas, en los últimos dos años. Porque hasta entonces, la aparición de canteranos siempre había llegado a cuentagotas y ha sido norma habitual que muchos debuten, apunten maneras, y luego se diluyan como azucarillos, o que hayan tenido que crecer fuera porque, una de dos, o esto se le quedaba pequeño, mal que nos pese, o porque aquí no se daban las condiciones para tener esos minutos necesarios para curtirse como futbolista.
El descenso a Segunda B y las estrecheces económicas hizo al club replantearse la política de fichajes. Se ha buscado la manera de que aquellos que en su día tuvieron que volar pudieran volver. No todos han querido. Otros no se lo han pensado. Y además, se ha empezado a mirar hacia los equipos de base. Y sí, es cierto que todo esto coincidió con la época de Quique Medina de director deportivo, uno de los culpables de este cambio de política. El otro culpable, aunque no se quiera reconocer, es Álvaro Cervera. Con él debutó Ayoze Pérez ya en Segunda B, Yeray González, Alberto Jiménez, Roberto Gutiérrez, Nano; es él quien ha puesto en el mapa a Cristo González, a Jorge o a Jordan, y fue él quién le dio continuidad a Bruno, Abel, Alberto, Roberto, al mismo Ayoze… Con él en el banquillo se vio un once con nueve canarios 26 años después.
Y ahora lo ponemos en el centro de la diana porque de repente, en el once apenas encontramos como fijos a 2 o 3 del terruño. Y entonces hablamos de falta de canariedad, de que en este proyecto han hecho desaparecer a los canarios. Así que recapitulo: Ayoze Pérez y Bruno no están porque, legítimamente, decidieron que necesitaban crecer lejos de aquí. A Édgar lo reclamó su club de origen porque contaba con él, como está demostrando. Nos quedan Nano y Alberto, jugadores muy aprovechables, que necesitan jugar para ser esos futbolistas que pueden llegar a ser. Y no nos olvidamos de Jairo, al que hizo profesional el tándem Serrano-Cervera, en un club con solera como el Murcia. Y me llega a menudo el argumento de que prefiero tener a Nano o a Jairo en el banquillo que a uno de fuera. Pues yo no. Prefiero un canterano jugando treinta y tantos partidos que vuelva con un bagaje que no va a tener jugando diez minutos de tanto en tanto a ver si sumando apariciones suma también algo de experiencia. Porque ellos sí son patrimonio del club. Los de fuera no.
Y ahí está el ejemplo de Bruno. Una temporada en Teruel, jugando más partidos de los que tuvo en el filial blanquiazul, y volvió siendo mejor futbolista. El único pero en su caso es que no se apostara más fuerte por él a la hora de hacerle un contrato. Como pasó también con Ayoze Pérez.
Yo veo a Suso, a Ricardo, a Vitolo, a Cristo, a Roberto… y deseo que en el futuro haya muchos más que den la talla como ellos, que efectivamente este sea un año de transición, simplemente porque las circunstancias han cuadrado así. Al margen de que a nadie le haya gustado cómo se produjo la salida de Ayoze Díaz, muy poco elegante y hasta desagradable, el único lunar en este sentido. Pero tampoco me gusta que se juzgue a la gente por su carné de identidad, ni que tenga preferencia uno del terruño sólo por ser de aquí. El escudo hay que ganárselo y hay que sudar la camiseta, hayas nacido aquí o en la China. Como lo hizo Ricardo tras su regreso y como lo está haciendo Vitolo o gente de fuera como Guarrotxena o Albizua. Y eso es lo que pido para mi equipo. Futbolistas que defiendan el escudo. Con el deseo de que cada vez haya más canarios haciéndolo. Es lo que debemos exigirle a Cervera, que siga pensando en ellos, que siga volviendo su vista hacia ellos, que los cuide. Igual que le exigimos que los once que entren se ganen el pan.
Claro que del número de canarios no nos acordaremos si ganamos este domingo. Y será el principal argumento si el líder, con sus envidiados diez canteranos, se lleva los tres puntos. A fin de cuentas esto es fútbol. Pero ganen o pierdan lo que hay que pensar es que queda mucho trabajo por hacer desde abajo para ver a diez tinerfeños. Porque el trabajo no se hace sólo desde el primer equipo. Y si no, miren los logros del filial y del juvenil de uno y otro equipo. Canarios sí, pero no a cualquier precio.