Por @jf_rojas
El clima. Ya explicábamos la semana pasada que en esta temporada las cosas no empiezan de cero. La gente necesita percibir que el club ha terminado definitivamente su travesía por el desierto y espera con ansiedad cualquier signo de optimismo. Si la entidad se ha embarcado en un nuevo proyecto con el objetivo del ascenso, esta temporada tendría que ser mejor que la anterior. Por eso y tras los cambios operados en la parcela deportiva ha resultado frustrante que el equipo comenzara transmitiendo síntomas como los de sus dos primeros partidos. Si a eso sumamos la inusual cantidad de frentes abiertos a estas alturas no debería ser tan difícil comprender que el entorno reaccione como el perro apaleado que recela de cualquiera que se le acerque.
El equipo. Tampoco ha ayudado que la presunta incorporación estelar de la temporada se haya confirmado en el último minuto. Dicen que Uli Dávila es muy bueno y que le dará al equipo las cosas que le faltan. Habrá que confiar en que con su ayuda y la del resto de los que han ido llegando la plantilla sea más sólida y fiable. Llama la atención en cualquier caso que la dirección técnica haya optado por remodelar tan a fondo al equipo. Algunos pensábamos que tras la salida de Ayoze el club traería algún jugador que marcara las diferencias retocando los puntos débiles del año pasado y dando paso a algún nuevo nombre de la cantera. La continuidad de la idea que inspiró las temporadas anteriores sugería que ese sería el camino. No obstante, Cervera y Serrano han elegido dar un golpe de timón en otra dirección. Ojalá no se equivoquen.
Ayoze Díaz. De todos los frentes abiertos en estas primeras fechas sin duda el de Ayoze es el más feo por varios motivos. La extraña oscuridad con la que se ha ido manejando el asunto, con esos retorcidos argumentos deportivos como coartada sugiere que la decisión de Cervera esconde razones extrafutbolísticas. Da la sensación de que el entrenador del Tenerife tiene una de esas personalidades divisorias que te obligan a ponerte a un lado o a otro de la raya. Algo así se ha venido experimentando desde hace meses en el entorno del equipo, cada vez más fracturado entre los partidarios y no partidarios del entrenador. Personalmente siempre preferiré las actitudes conciliadoras. No creo en las políticas frontistas del «estás conmigo o contra mí» por mucho que se vistan de franqueza y personalidad. La experiencia nos dice que esta clase de liderazgos funcionan por un tiempo pero terminan dejando más cicatrices que resultados.