Por @pabloalbelo
En los dos momentos de la temporada donde se permiten fichajes, ya sea en verano o en invierno, siempre se producen situaciones que casi ningún jugador desea. Despedirse de los compañeros con los que se ha compartido vestuario es un trago al que casi ningún futbolista quiere enfrentarse… pero necesario muchas veces ante la falta de oportunidades que se van a tener. Bueno, necesario tampoco. Porque hay quien ser marchó a toda prisa sin ni siquiera un triste adiós para despedir a los que fueron sus compañeros durante mucho tiempo.
Este jueves asistimos a la marcha de Juanjo Expósito. La expresión periodística correcta sería que el santanderino se mostró visiblemente emocionado. Pero, lo que más se ajusta a la realidad es que estaba verdaderamente jodido. Perdón. No encontraba otra forma de mostrarles lo que vivimos cuando el cántabro se dirigió a los medios por última vez como jugador del Tenerife. Lágrimas en los ojos, el sentimiento de tener que mover a su familia de un lugar donde estaban muy a gusto y, quizás, el no haber hecho más por el Tenerife le dolía en el alma.
Siempre quiso quedarse. Manifestó su deseo de ganarse un puesto, pero cuando no cuentas ni en los amistosos empiezas a entender que no vas a jugar. Y decides buscar otro sitio. De Juanjo Expósito poco se puede decir que sea malo. En lo profesional siempre atendió a los medios con el máximo respeto y en el campo no hay nada que se le pueda reprochar. A la buena gente no se le puede desear sino buenas cosas. Espero que su trayectoria en el Llagostera le sirva para seguir progresando. Mi único deseo es que no marque en el Heliodoro. De resto, ¡buena suerte delantero!