por @juanjo_ramos
Las pretemporadas siempre me han parecido un soberano aburrimiento. Un coñazo, que diría Alfonso Serrano. Caras nuevas, pruebas y más pruebas, carruseles de cambios, segundas partes eternas de partidos sin trascendencia y hojas de calendario que cuesta arrancar hasta llegar a la primera jornada liguera.
Por servir, no sirven ni como referencia. Recuerdo años en los que el Tenerife despertaba dudas y acabó ascendiendo a Primera División, como en la campaña 88-89 con Benito Joanet o en la 00-01 con Rafael Benítez. Otras en las que parecía que iba a salirse de la tabla y se estrellaba en la primera curva. ¿Recuerdan aquella visita del Mallorca en agosto de 2010? El equipo parecía que volaba. “Si llegamos a tener a Melli en la defensa el año pasado no hubiéramos descendido”, se escuchaba en la grada. “Natalio va a hacer mucho daño”, recitaba otro. El segundo acertó más que el primero desde luego. Aunque el daño no fue precisamente a los rivales.
Fueron figuras en agosto que se rompieron a lo largo de nueve meses infernales. Le pasó a Ferrán Tacón en 2012, que hizo un Trofeo Teide impresionante. Se fue en junio. O a Óscar Rico, que marcó un golazo contra Osasuna el verano siguiente y parecía tener una prodigiosa pierna izquierda. «El zurdo que nunca tenemos», decían. No llegó a febrero como jugador blanquiazul.
Por si fuera poco, en la época estival vivimos más que nunca del nombre. Queremos fichajes rápido y que sean conocidos. Da igual si le vienen bien al equipo o si convenía esperar una mejor opción. Prisas, demasiadas prisas.
Quizás por eso, la derrota de este miércoles ante la UD Las Palmas no me afectó lo más mínimo. Por una vez, ni el hecho de caer ante el eterno rival fue doloroso. El Tenerife está en otro momento, ante otras aspiraciones. Puede que ganar la Copa Mahou o meterle cinco al Rayo Vallecano aportara algo hace un año (aunque la primera victoria liguera no llegara luego hasta octubre), pero no ahora. Porque no necesita estar bien ahora, sino el 24 de agosto.
Sostengo desde la pasada campaña que el bloque es bueno, pero que cambiar de objetivo requiere dar un salto de calidad en posiciones clave. Y para ello, hay que acertar en el mercado con muy poco dinero. En ello, como he explicado en anteriores artículos, están Cervera y Serrano. Ni los que acaban de llegar (Ifrán, Maxi o Guarrotxena) ni por supuesto los que están por aterrizar nos han permitido ver su verdadero nivel. Sacar conclusiones por 90 desafortunados minutos de un partido amistoso solo demuestra una tendencia pesimista que uno ya arrastraba de antes.
Más allá de dudar sobre la conveniencia de la pareja Vitolo–Aitor, la necesidad de un lateral izquierdo específico o la ausencia de un especialista a balón parado, este Tenerife del miércoles no me despertó grandes preocupaciones. Porque la solución a las deficiencias observadas pasa por piernas menos pesadas, acoplamiento a las ideas del técnico y las incorporaciones que están pendientes.
En definitiva, tengamos paciencia. Que para sacar conclusiones siempre hay tiempo.