Por @pabloalbelo
Conversaba esta semana por Twitter con el presidente del Uruguay FS, Andrés Pedreira, sobre una reflexión que había hecho el propio Andrés a través de las redes sociales. El máximo dirigente de los celestes decía: Todos los días me para gente y me dice… «Mi hijo juega al fútbol pero quiere dejarlo e ir al fútbol sala». Quien nos lo iba a decir. Creo que aun, tras ver lo que había ocurrido el pasado mes de mayo con su equipo, lo que culminó el 1 de junio con el ascenso, Andrés todavía está asimilando lo que ha pasado en la Isla.
Y es normal. Era casi impensable que un equipo de polideportivo, fuera de lo que es el CD Tenerife y el CB Canarias, pudiera lograr que tanta gente se sumara al fútbol sala. No es difícil. El 40×20 engancha porque es vibrante y con emoción y el Uruguay ha sido el equipo que ha canalizado esas emociones y ha logrado centrarlas en el Pabellón de los Deportes de Santa Cruz. Pero no ha sido flor de un día. Los más de 1500 abonados que suman en la primera etapa de venta, la mayoría de nuevo cuño, demuestran esa fiebre.
Pero el truco no ha estado en la fase de ascenso. Que ayuda, obviamente. Sino en que los del barrio de Salamanca han creado un modelo. Partiendo de la cantera y llegando hasta una directiva comprometida, metida de lleno en las redes sociales y abierta a solucionar problemas. Y este modelo no se ha forjado de la noche a la mañana, pero tienen algo que le falta a esta Isla: cercanía. No hay líos de fusiones ni historias, no es un deporte elitista y, sobre todo, acoge a todo el que se quiera sumar. Es, sin duda, un modelo a seguir. El modelo Uruguay.