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España y los miserables (18-6-14)

Por @jf_rojas

Todo el mundo sabe que en España hay mucha gente ingeniosa. Somos muy de hacer chistes sobre cualquier cosa y si se trata de burlarse de los demás alcanzamos la excelencia. Quizás sea porque la envidia es otro de los deportes nacionales, muy por encima del fútbol pese a lo que se diga. Nada entretiene más al ciudadano de a pie que hurgar en las miserias ajenas. Descubrir y exagerar las desgracias de los triunfadores alivia la mediocre existencia de muchos y cuanto más meritoria y respetada sea la trayectoria de alguien, más morbo y satisfacción insana le provoca al personal tirarla por tierra. No eres mejor que yo, deben pensar los miserables cuando hacen leña del árbol caído sin saber que en realidad sólo subrayan su propia vulgaridad.

No me avergüenza admitir que he sufrido como algo casi personal la trayectoria de España en Brasil. Esta selección me ha hecho sentir feliz en muchas ocasiones y me resulta imposible no estarle eternamente agradecido por tantas alegrías. Nunca he entendido la falta de empatía de cierta gente con los que, al menos por unos momentos, nos han hecho felices. Los que siempre encuentran coartada para ser mezquinos dicen estos días que un grupo de millonarios y privilegiados no necesitan de nuestra generosidad. Al parecer, hay mentes para las que el dinero es tan importante que hasta condiciona su gratitud. Otros en cambio no disponemos así sobre nuestras emociones y echando la vista atrás sólo encontramos motivos para no hacer sangre.

El gol de Iniesta ante Holanda estará siempre en las cabezas de los que lo vivimos. Recordaremos quién nos acompañaba, dónde estábamos o cuáles eran las circunstancias de nuestras vidas cuando el delantero de Fuente Albilla golpeó el balón y ganó el Mundial para España. Si hay suerte, incluso contaremos a generaciones futuras historias sobre este equipo irrepetible y nos sentiremos afortunados por haberlo visto jugar. Los miserables que hoy se ensañan con los futbolistas y los técnicos de la selección presumirán también de haber celebrado los éxitos de “la roja” pero omitirán que cuando cayeron tomaron el camino del desprecio y la burla para calmar sus bajos instintos y distanciarse de la derrota.  Yo prefiero recordar que el día que la mejor selección de la historia cedió el testigo elegí darles las gracias por todo.