Por @beatrizpalmero
Cursé la educación básica en las Salesianas, donde acostumbraban a poner, en pizarras de corcho, frases que nos recordasen los valores con los que nos trataban de educar. Sobre todas ellas, siempre recordé una que, en una ocasión, hasta elegimos como la que más nos había gustado a final de curso: Esforzarse es de valientes. Cuando las circunstancias me invitaban a flaquear siempre la recordaba y, en las duras semanas de exámenes universitarios, llegué a escribirla en un cartelito que colgué sobre mi mesa de estudio.
Es una máxima en la que, desde entonces, siempre he creído fielmente y que, generalmente llevo en mi estado de WhatsApp. No hay sueño que se pueda cumplir si no hay un esfuerzo previo para lograrlo, y cuando vas a empezar un gran proyecto, antes del sacrificio, llega la decisión valiente de ponerlo en marcha.
Digo todo esto porque, realmente, creo que la nueva apuesta deportiva del CD Tenerife me parece valiente. Puede salir mejor o peor, pero, en un fútbol como el español, apostar por un proyecto a largo plazo, sin prisas, es, ante todo, audaz. Algunos dirán que es tan audaz que roza lo temerario, pero pocos pueden negar que, cuanto menos, es atractivo.
El club más emblemático en España que ha llevado a la práctica un proyecto integral para toda la estructura deportiva desde la base hasta la punta de la pirámide es el Barça. Tardó mucho tiempo en recoger los frutos, pero ahí están. Dudo mucho que la renovación aquí propuesta sea tan profunda o tan impactante, empezando porque en La Masía se trataba, ante todo, de implantar un estilo definido. Pero el hecho de que desde la base se trabaje en la misma dirección hacia la que rema el primer equipo es un avance. Un equipo dependiente no puede hacer la guerra por su cuenta en busca de resultados, debe trabajar a largo plazo, únicamente pensando en una adecuada formación que vaya encaminada a fortalecer a la primera plantilla. Veremos, por supuesto, cómo se concretan esos cambios.
Obviamente, el mayor problema que le veo a la Comisión Deportiva que formarán Álvaro Cervera y Alfonso Serrano es la exigencia que tendrán en el corto plazo. Desgraciadamente, el fútbol vive de resultados y en un entorno como en el que vive el fútbol difícilmente podrán mantener la misma filosofía que ha tenido, por ejemplo, el Uruguay FS, de ser fieles a su estilo y a su forma de hacer las cosas independientemente de lo que suceda cada domingo.
Tampoco hay que olvidar que Álvaro Cervera lleva ya dos años en el club, con el desgaste que supone estar al frente de la nave blanquiazul. Los números están ahí y le avalan: su equipo ha conseguido siempre el objetivo propuesto. Su mérito es haberse ganado la confianza con trabajo. El presidente ha visto en ese esfuerzo la oportunidad de poner unos cimientos sólidos sobre los que construir el Tenerife del futuro, después de haber vivido algunos años de la necesidad de obtener frutos inmediatos fagocitando proyectos que no han hecho más que hundir al club. Cervera, con Quique Medina, no hay que olvidarlo, empezó a poner granitos de arena, apostando por hombres de la casa y dándole una identidad al equipo basada en el sacrificio y en la colectividad, una identidad, quizá no tan vistosa de cara al público, al que, sin embargo, ha sabido ganarse con estas armas. Y a su lado estará un hombre avalado por su anterior etapa, en la que dejó las bases del Tenerife que asaltó la Primera división.
Su valentía está fuera de toda duda. Han hecho gala de ella en más de una ocasión. Ahora veremos si su perseverancia es suficiente para capear los temporales. Que los habrá.