Por @rondoscutillas
Asistimos, desde que surgió la crisis mundial originada por el coronavirus (COVID-19), a una serie de acontecimientos que pocos imaginaban. La realidad actual ha superado incluso a la ficción cinematográfica hasta llevarnos a un escenario plagado de incertidumbre. Tanto por el miedo a lo desconocido como por la ausencia de precedentes de algo de una naturaleza similar. Todos estos factores han multiplicado los efectos devastadores de una pandemia que no solo ha variado el orden colectivo, sino también todas nuestras rutinas individuales.
El calendario avanza. Día tras día. Semana tras semana. Mes tras mes. Y, mientras el tiempo transcurre, también lo hace nuestra sensación de que nada volverá a ser como antes. O, al menos, tardará mucho tiempo en volver a serlo.
Para no convertir las líneas que siguen en un quiero y no puedo, dejaré a un lado asuntos como el deporte profesional. Sobre todo porque, los seguidores del Tenerife, sabemos lo que nos gustaría volver al Heliodoro. Pero nadie se atreve a pronosticar cuando seremos capaces de volver a hacerlo sin caer en conjeturas. Esperemos que sea cuando antes, pero ni siquiera aún tenemos una fecha concreta para que se reanude la Segunda División sin público. Solo la intención, con el visto bueno del Gobierno, de arrancar en junio.
Mientras nos conformamos con las pequeñas cosas que nos regala esta primera fase de desescalada, como la posibilidad de pasear o correr en una determinada franja horaria, anhelamos que llegue el siguiente paso. Y el otro. Y el que le sigue. Somos impacientes por naturaleza y pretendemos recuperar el terreno perdido porque ¿quién no tiene la sensación de que estos últimos dos meses hemos estado sobreviviendo en vez de viviendo?
Charles Darwin ya dijo, hace nada menos que dos siglos, que la especie más fuerte no tiene por qué ser la que tenga más capacidad para sobrevivir. Ni tampoco la que sea más inteligente. El factor diferencial para hacerlo, según los estudios del célebre naturalista inglés, es que la especie que responda mejor a los cambios será la que tenga más probabilidades de conseguirlo.
Con las empresas va a suceder exactamente lo mismo. Estas últimas semanas, si exceptuamos nuestras visitas al supermercado, todas las compras han sido por Internet. El COVID-19 ha sido el auténtico motor que ha impulsado a que se dirijan hacia las nuevas tecnologías para sobrevivir. Algunas ya tenían el camino avanzado y otras tratan de readaptarse ahora a marchas forzadas para volver a ser competitivas.
Este dichoso virus, que llegó sin avisar, nos ha empujado a todos, nos guste o no, hacia un andén tecnológico. Así que, hasta que las cosas vuelvan a la ‘normalidad’ que conocíamos antes del COVID-19, no nos quedará más remedio que subirnos a ese tren con el equipaje que tengamos. Y, como ya nos dijo Darwin, tratar de responder lo mejor posible a los cambios.