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¿Paciencia o fe?

Por @juanjo_ramos

Joseba Etxeberria lanzó un pulso a la cúpula del CD Tenerife en el mes de mayo y, ante las dudas sobre su renovación, expuso “el apoyo de la afición” como su mejor aval. La negativa de Rubén de la Barrera, el elegido por Alfonso Serrano que acabó en la Real Sociedad, y la presión popular acabó decantando la balanza hacia la continuidad del vasco.

No se hizo desde el convencimiento pleno en sus ideas ni desde la firmeza de una apuesta. Ya desde entonces arrastraba el ahora exentrenador blanquiazul actitudes que no convencían dentro y dificultaban la convivencia. Cuentan quienes le conocen mejor que le faltó empatía y adaptación.

Sea cierto o no, el caso es que Etxeberria se puso al frente del barco y empujó con todo. A diferencia de sus antecesores en el cargo, empezó la Liga con la práctica totalidad de la plantilla. Pese a ello, el inicio liguero resultó catastrófico (tres puntos de quince).

El Tenerife era entonces presión alta y transiciones. Lo que siempre fue con Etxeberria. Pero al revés que en sus primeros dos meses como técnico en el conjunto insular ahora no bastaba. Se empezaban a echar en falta la capacidad para llevar la iniciativa en los partidos, el manejo de la estrategia y las segundas jugadas, así como el encaje de sus mejores efectivos ofensivos.

Y esas carencias, acompañadas de los malos resultados, finiquitaron la etapa del “Gallo” en el equipo tinerfeño. La duda es si fue demasiado pronto. Suena fuerte prescindir de un técnico a la quinta jornada. Pero aquí entra esa falta de convencimiento cuando se procedió a su renovación. En esos casos, el primer mal momento suele ser también el último. Más si se tiene en la cabeza el “error Martí”, consistente justo en lo contrario (esperar demasiado).

Al de Elgoibar solo le defendían la segunda parte ante el Deportivo y media hora contra el Reus. El resto había dejado dudas, muchas dudas.

Por eso, me llaman la atención sus declaraciones en Play Segunda. Su salida no fue una cuestión de falta de paciencia, sino de falta de fe en su trabajo. Una falta que él había detectado ya en mayo y que se hizo carne en septiembre. Ocurre que la precipitada decisión de Concepción y los suyos ha encontrado un aval en el arduo trabajo de José Luis Oltra para construir un equipo desde prácticamente la nada. Nunca costó tanto aplicar un cambio de estilo. Por algo será.