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Final perdida

Por @FranAlonsoTw *

Precisamente el 15 de septiembre se ha cumplido 25 años del debut en competición europea del C.D.Tenerife ante el Auxerre, pero la triste realidad de los últimos cinco quinquenios ha hecho coincidir la efeméride con un encuentro en la segunda división del fútbol nacional ante el modesto Reus.  Hace 25 años vivíamos un momento histórico y hoy, tras el partido, un momento histérico. 15 de septiembre, quinta jornada de liga y primera “final” perdida.

El inicio de la temporada no ha sido el deseado, porque aunque expresamente desde el club no se ha marcado un objetivo a largo plazo, nuestras urgencias exigen que el equipo luche desde el inicio de la temporada por tener una opción para aspirar al ascenso en junio. Un equipo que en la temporada pasada, con jugadores de contrastada experiencia como Villar, Longo o Casadesus, fue 11º clasificado y que este año con los “one-hit-wonders” Nano y Naranjo, trotamundos  sin arraigo como Joao Rodríguez, exóticas incógnitas como Chilunda o un puñado de jugadores de segunda categoría que suman un año más en sus calendarios se pretende que mejore aquella clasificación, todo de la mano de un entrenador que aún luce la “L” de novato en su espalda. Un Tenerife que, a día de hoy, tiene el desagradable aroma a equipo al que le va a costar sangre, sudor y lágrimas salvar la categoría.

Perdido en su mediocridad y en la montaña rusa de su nerviosismo, el Tenerife que saltó al terreno de juego contra el CF Reus con pronóstico reservado terminó el encuentro en la UCI. Un Tenerife que duró, como viene siendo habitual, poco más de 25 o 30 minutos, tiempo suficiente para que lo intentara, no lo lograra y acabara descosiéndose poco a poco frente a un rival muy débil que le desnudó todas sus vergüenzas, que son muchas. Unos pocos minutos de fuegos artificiales para esconder su verdadera esencia, la de equipo es pero que no tiene esquema, no tiene fútbol, no tiene nada. La nada más absoluta.

Tres derrotas consecutivas, sin una sola victoria en lo que va de temporada, y la sensación de equipo a la deriva que se hunde poco a poco invita a pesar en la toma de decisiones inmediata, sin aplazamientos ni lentas agonías, sin tratamientos homeopáticos a largo plazo que solo suponga poner tiritas en una herida de fútbol que sangra a borbotones.

Hace 25 años, 13.000 aficionados hacían crujir la vieja grada del Rodríguez López un miércoles por la noche viviendo aquello que nunca antes habían vivido. Antes el Reus, poco más de 9.000 espectadores se han congregado otra rutinaria jornada más para sufrir una dolorosa derrota, espectadores que no quieren volver no vivir aquello que ya han vivido en un pasado no muy lejano, un nuevo fracaso.

  • Francisco Alonso: Accionista y abonado al CD Tenerife.