Skip to main content Scroll Top

Dejemos trabajar

Por @AleixValero

Se ha estrenado Joseba Etxeberría como entrenador del CD Tenerife en una semana complicada para la entidad. Después de mantener casi hasta extremos inverosímiles a José Luis Martí en el banquillo, más por su pasado como jugador cuando colaboró en un ascenso a Primera División agónico, tanto como el no conseguido como entrenador en Getafe, que por merecimientos en la actual campaña, se inicia una nueva etapa, con una apuesta cuanto menos igual de arriesgada.

Los resultados, como siempre con los entrenadores, dictarán sentencia y harán buena o mala la elección, sorprendente para los aficionados y para quien suscribe. Pero asisto, atónito, como muchas otras veces, a los juicios de valor, en bastantes ocasiones prejuicios, sobre la decisión tomada al respecto.

Muchos son los mensajes que preconizan un fracaso estrepitoso en la elección de Etxeberría, una condena sin juicio ni pruebas a la directiva y a la dirección deportiva por su apuesta, antes incluso de que salga mal, antes incluso de que aterrizara en la isla.

Es imposible saber de antemano si, repito, la arriesgada apuesta saldrá bien, pero también si saldrá mal. No perdamos de vista que, al fin y al cabo, el fútbol es un juego en el que de once a catorce futbolistas de élite se enfrentan una semana sí y otra también, y que depende más de ellos, de estados de forma, de su compromiso y especialmente de su talento el resultado final de un equipo.

Y eso es lo que tiene que construir Etxeberría, un equipo. Porque a día de hoy no parce que lo haya. Plantilla, talento, calidad, hay, de sobra. Reconocido por todos al cierre del mercado de verano. Aquí y allá. Pero otra cosa es conjuntar a veintitantos futbolistas, cada uno de su padre y su madre, con sus objetivos, su personalidad, sus hábitos, filias y fobias, crear un grupo homogéneo, sin fisuras.

Y ahí es donde creo que falló Martí. Nada que ver tiene la plantilla del curso pasado, más limitada tal vez en cuanto a talento hasta la llegada, por ejemplo, de Gaku Shibasaki en el mercado de invierno, pero más solidaria en el esfuerzo y consciente de sus limitaciones. Cuando uno tiene claro cuáles son, más se vuelca en taparlas con otras virtudes. Eso lo manejó perfectamente José Luis Martí; todos podemos recitar la alineación tipo de la 2016/17 que casi nos lleva a Primera, pero esta nueva temporada nadie puede definir ni un once más o menos fijo ni siquiera una forma de jugar o un dibujo táctico definido.

Este año se le cayó el grupo a Martí. No como unidad del grupo, humanidad o queriendo desmerecer el buen rollo entre los jugadores. Pecó de no encontrar un rumbo fijo. Cierto es que las continuas lesiones, alguna sanciones, convocatorias internacionales etcétera no le dejaron casi nunca poder contar con todos sus futbolistas, pero desde el regreso al fútbol profesional no hubo tanto talento individual y tanta versatilidad en una plantilla blanquiazul.

Ahí es donde tiene que hilar fino y dar en el clavo el ya nuevo entrenador. Vi su primer entrenamiento de este mismo martes y, otra cosa no, pero muy metido sí que ha llegado. Tanto él como sus asistentes (parece una anécdota tonta) llamaban, sin error, a cada jugador por su nombre de pila o mote, demostrando haber hecho la tarea en apenas unos días, para facilitar la comunicación. Se le vio muy encima de sus jugadores, alentando a la presión del rival, casi respirándoles en la nuca, y felicitando cada buena acción.

El exjugador sabe de qué va esto. Desde los 17 años ha mamado el fútbol de élite, siempre en Primera División, cambiando además la Real Sociedad por el Athletic Club, así que aquello de la presión de la isla… no debería suponerle ningún trauma. Y, al igual que cuando llegó Martí, llega con un currículo y bagaje mayor que todos los componentes de la plantilla del Tenerife, con un respeto ya ganado sobre la mesa, y habiendo lidiado en plazas mayores. Así que, como mínimo, merece un respeto, apoyo y confianza por parte de todos los que somos blanquiazules, solo el tiempo dictará sentencia para saber si aquel atacante internacional puede hacer carrera en esto de los banquillos o no. Por el bien del Tenerife esperemos que sí, pero dejemos trabajar.