Por @rondoscutillas
La Liga de Segunda enfila ya hacia su décima jornada. Está a punto de alcanzarse el primer cuarto del campeonato y el Tenerife ha cumplido con su objetivo inicial. A todos nos gustaría verlo más arriba de lo que está en la actualidad en la clasificación pero, para ser justos, esta vez no se ha condenado con un inicio jalonado de complicaciones y más tropiezos de los esperados como en Ligas pasadas.
Ha demostrado ser un equipo competitivo e incluso ya es respetado por el resto de rivales y teóricos aspirantes a una meta que comparte con nada menos que con dos tercios de los clubes que conforman esta categoría. La igualdad, y esto no es ninguna novedad, sigue siendo la tónica predominante. Cualquiera puede ganarle a cualquiera. Y hay ejemplos en todas las jornadas. Especialmente si, como mínimo, no eres capaz de igualar la propuesta del adversario en cuanto a intensidad, despliegue físico, solidaridad y actitud.
Luego está la calidad. Ese factor que termina por decidir partidos y marcar, de manera fehaciente, cuál es el verdadero rol de cada equipo. Puedes ganar alguna vez gracias a tu condición física, pero no siempre. También lograrás arañar puntos a base de casta, pero eso no te alcanzará para doblegar a los rivales de mayor potencial. Incluso puedes ser el equipo más solidario y conjuntado, pero esto siempre será un saldo insuficiente cuando las individualidades del adversario marquen la diferencia en las áreas. Y todo lo anterior puede ser aplicable a la actitud, que no te hace vencer en partidos por sí misma pero siempre es una gran ayuda.
Este Tenerife tiene todos los ingredientes para aspirar a cosas importantes. Anquela, el técnico del Oviedo, considera a los blanquiazules como la mejor plantilla de Segunda. No las he visto a todas aún en acción como para darle la razón de forma categórica. Solo el tiempo dirá si va desencaminado o no. Lo que sí parece obligatorio es que los blanquiazules salgan, por potencial y diversidad de recursos, a competir en cada encuentro. Y está claro que, por ahora, da la sensación de que el grupo de Martí puede meterle mano a cualquiera. Sin excepción.
Por eso es una pena que siga arrastrando la rémora de comenzar por debajo en el marcador cuando juega de visitante. En el Tartiere le pasó por cuarta vez consecutiva y, a diferencia de lo visto en Lugo, con una sintomatología más preocupante. Vale que los rivales no son mancos. Y que el Oviedo también cuenta con un potente arsenal como para hacerle daño al que se le ponga por delante. Pero esta vez fue la calidad, de Juan Villar, la que rescató al Tenerife de un nuevo naufragio lejos de la isla.
El desafío se multiplica este sábado con la visita del Numancia. Los sorianos son un líder sorprendente sobre el papel y un equipo fiable en la realidad. No será una tarea sencilla firmar el tercer triunfo seguido en el Heliodoro. Pero no queda otra. La competición entra en la fase en la que los candidatos comienzan a posicionarse y en la que las cartas comienzan a quedar boca arriba para bien y para mal. Al Tenerife le corresponde ahora la complicada labor de conciliar bloque y fútbol, de unir la actitud con la calidad, la solidaridad con el talento y los recursos disponibles con la buena gestión del técnico a la hora de utilizarlos. Es el momento de tener fe. De intentar pisar el acelerador para ver hasta donde se puede llegar sin que la mecánica se resienta. Y, sobre todo, de dar un paso al frente y ser, cada vez, más valientes.